¡Help!! ¡Salvar al sargo salvaje!

La historia

Playa de Patos, Vigo. Paseo por la playa. El sol lucha por salir entre las nubes. Los surfistas disfrutan las olas sin importar el frío. 

Camino por la orilla. ¿Que es eso? ¡Huy! ¡Vaya pez!! Un hermosísimo ejemplar de sargo salvaje. ¡¡Es enorme!! Miro su brillante cuerpo azul plateado. ¡Me  lo imagino en el plato! Al agacharme para recogerlo cruzo mirada con él. Aletea. ¡Está vivo!! Me mira y veo sus ganas. “¡Vas a vivir!” -le digo.

Está enredado en un sedal y tiene un anzuelo metálico enganchado a su mandíbula: ¡Ha picado!! “Tranquilo, te lo voy a quitar”. Él sabe que quiero ayudarle y se queda quieto. Cuando meto la mano para liberarle, me mira confiado. No lo consigo. El gancho está firmemente insertado en su boca.

Veo que él trata de respirar y al mover la boca veo dos enormes dientes. Me sorprendo. No ha intentado morderme: “sabe que quiero ayudarle”-me digo.

Lo intento de nuevo. Nada. No tengo fuerza suficiente.

Un hombre pasea a su perro. Le grito: “¿Puede ayudarme por favor?”. El hombre coge al enorme pez con sus dos manos y le quita el anzuelo en un movimiento seco y rápido. Está claro que es pescador… Se queda mirando el hermoso ejemplar. Creo que ahora él se lo está imaginando en el plato… “Está ya muerto. A este ya no le salvas…”-me dice.

Le sonrío y se lo quito de las manos sin dudar: “Gracias!! Voy a intentarlo!!”. Corro al agua con el pez. El pez se mueve un poco aún. El perro salta para arrebatármelo! Consigo apartar al perro suavemente con una mano, mientras con la otra pongo el pez al agua… No se mueve. Quizás el señor tiene razón… Me giro hacia el hombre que me repite apenado: “¡¡Está ya muerto!!”.

Cuando miro de nuevo al agua el pez ya se ha ido. Ha encontrado la fuerza para sobrevivir. Me lleno de alegría. Yupiiii!!

El hombre refunfuña y dice, “bueno, al menos voy a aprovechar el material de pesca…”. Le digo: “Genial! Recicle, recicle!!”.

 

Las conclusiones

A veces las personas “picamos”, nos enganchamos en historias, relaciones, trabajos, adicciones… que no son buenas para nosotros.

Y de repente nos encontramos sin oxigeno, casi sin respirar, asfixiados… y el propio miedo a la muerte despierta nuestras ganas de vivir.

Basta aletear, mostrar tus ganas, pedir ayuda, dejar “que te quiten el anzuelo”, para así “volver a nadar mar adentro”.

Si este es tu caso, si te sientes agobiad@, asfixiad@, desganad@, muert@ de miedo, perdid@… pide ayuda!! Quizás alguien ya te la ha ofrecido y la has rechazado. Quizás no sepas a quién acudir. Muestra tu vulnerabilidad. Todos somos vulnerables. Eso nos conecta. Déjate ayudar…

No se trata de que “la otra persona te lo haga todo”, tú tienes que poner de tu parte. ¿Te imaginas que el pez no quisiera nadar? Al igual que yo no puedo nadar por él, nadie puede vivir tu vida por ti. Esa es una decisión que sólo tú puedes tomar: cómo vivir, dónde vivir, con quién, qué trabajo hacer, qué personas quieres a tu lado, … Tú tienes el poder. No lo olvides. Rescátate.

 

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Si necesitas mi ayuda para “quitarte el gancho” reserva una sesión estratégica gratuita conmigo AQUÍ.

Pasa un feliz día.

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